“CADA VEZ ACUDEN A CONSULTA NIÑOS A EDADES MÁS TEMPRANAS POR PROBLEMAS DE CONDUCTA”

La semana pasada se publicó en la revista infocop un artículo sobre la entrevista que se realizó a Alan E. Kazdin con motivo de la concesión del Premio AITANA 2017, en la cuál responde a preguntas como: ¿Qué sabemos en la actualidad sobre los problemas de conducta en niños y adolescentes? ¿Cuáles son las causas y los factores de riesgo? ¿Qué curso tiene este tipo de problemas? ¿Cómo podemos intervenir?, entre otras. A continuación se resaltan las ideas más importantes de dicha entrevista:

Cuando se le pregunta acerca de por qué decidió dedicar su trabajo al tratamiento de los problemas de conducta infantil responde que inició su carrera profesional trabajando en algunos lugares donde era necesario cambiar el comportamiento de niños y adolescentes que no estaban funcionando adecuadamente en su vida cotidiana. Estuvo a cargo del Servicio de Cuidados Intensivos Psiquiátricos para niños de 5 a 12 años, los cuales ingresaban por haber cometido agresiones graves y conductas antisociales, o por padecer depresión y riesgo de suicidio. Alguno de estos niños que presentaban agresividad y conductas antisociales tenían un padre o un tutor con quien se podía trabajar, otros no tenían padres o sus circunstancias no les permitían hacerlo (problemas con las drogas, encarcelados o dedicarse a la prostitución). Por ello se diseñaron dos tipos de tratamiento, uno en el que el padre estaba disponible, dirigido al entrenamiento de habilidades parentales y otro donde no estaba presente el padre y solo se tenía acceso al niño, y ello consistía en el entrenamiento cognitivo para la resolución de problemas.

El autor responde acerca de los problemas que presentan los padres que acuden a su centro para padres (Yale Parenting Center) el cual atiende a niños y familias que suelen acudir por problemas relacionados con sus hijos. Presentan una gran diversidad de síntomas propios de los trastornos de conducta, entre ellos peleas, destrucción de bienes, robos o fugas de casa. También otros problemas menores comórbidos, como conductas oposicionistas y fuertes rabietas. Refiere que el 70% de los niños que atienden cumplen los criterios para dos o más trastornos.

Desde el punto de vista de los padres, sus hijos parecen estar completamente fuera de control y no saben cómo manejarlos. Los padres a veces también presentan trastornos psiquiátricos o problemas relacionados con el abuso de sustancias.

Comenta que en uno de sus ensayos clínicos se demuestra que el tratamiento del niño tiene mejores resultados cuando se incluye un breve módulo dirigido a abordar el estrés de los padres. Se intenta ayudar a las familias, y eso supone mucho más que solamente centrarse en los problemas de conducta del niño.

Describe el “Método Kazdin” como un programa que abarca tres componentes para intervenir eficazmente en la educación de los hijos: los antecedentes, los comportamientos y las consecuencias (ABCs). Cuando hablamos de antecedentes nos referimos a lo que se hace antes del comportamiento y que aumenta la probabilidad de que se realice el comportamiento deseado. En los componentes de comportamiento y consecuencias hay múltiples facetas y técnicas específicas que pueden modificar, desarrollar y mantener el comportamiento.

Este método se podría decir que se basa en la PRÁCTICA REFORZADA, ésta pretende que la conducta se produzca y ocurra repetidamente para desarrollar un hábito y esto produce cambios a nivel cerebral.

El uso del ABC se centra en fomentar la práctica del comportamiento deseado y hacer que el niño practique motivado y con mucha frecuencia. El uso tanto del ABC como de la práctica reforzada es fundamental para cambiar tanto la conducta de los padres como la del niño.

Alan E. Kazdin hace hincapié en que uno de los mensajes más importantes que pretende que los padres entiendan acerca de cómo cambiar el comportamiento de su hijo es que las técnicas que usan de forma natural los padres, y que creen que funciona, a menudo son ineficaces para cambiar dicho comportamiento.

En primer lugar, la investigación psicológica apoya el supuesto  de que estas técnicas no son una forma eficaz de cambiar el comportamiento, ya que en la crianza de los hijos, explicar y fomentar la comprensión es muy importante, porque contribuye a desarrollar estrategias de resolución de problemas, el pensamiento y el lenguaje, y sirven como un modelo de razonamiento para los padres. Pero aunque la comprensión es necesaria e importante, como técnica de modificación de conducta es bastante débil y no ofrece el efecto que mucha gente espera. Por eso, una parte importante del entrenamiento consiste en desarrollar estrategias más efectivas para el cambio de comportamiento y que los padres puedan usarlas. Uno de los aspectos que intentamos transmitir a los padres es que abogar, quejarse y hacer que el niño entienda, probablemente no sean las formas más efectivas para que su hijo desarrolle una conducta concreta.

Y, en segundo lugar, el castigo es bastante ineficaz, excepto para detener la conducta en ese momento, como técnica para el cambio de conducta. El castigo no desarrolla los comportamientos adaptativos que se desean, y está asociado a muchos efectos secundarios negativos. Para eliminar el comportamiento hay varias estrategias eficaces que consisten en entrenar un comportamiento positivo u opuesto al que los padres desean eliminar en el niño.

Por tanto, de acuerdo con las investigaciones, cuando se usa el castigo se entrena a los padres para que sea leve y breve.

Otro aspecto que comenta el autor es algún ejemplo de hábitos de crianza que deberían mejorarse para reducir o prevenir los problemas de conducta.

En primer lugar refiere que se debe reducir la confianza de los padres en el castigo y eso requiere la proporción de otras técnicas alternativas que les ayuden a manejar el comportamiento de sus hijos. El objetivo no es que los padres las conozcan, sino que aprendan nuevas herramientas con las que poder obtener resultados diferentes inmediatamente. El objetivo inicial es cambiar el comportamiento de los padres, la clave está en desarrollar la capacidad de los padres para centrarse en comportamientos positivos opuestos, es decir, comportamientos prosociales o adaptativos, en lugar de comportamientos que desean eliminar en su hijo.

En segundo lugar, enfatizar, demostrar y enseñar cómo hacerlo, desarrollando comportamientos gradualmente. El autor comenta que a través de aproximaciones sucesivas se pueden lograr estos objetivos modelando, alentando la práctica repetida, usando el refuerzo, de forma sucesiva. Añade que los padres no modelan el comportamiento de forma natural, en parte porque creen que es suficiente con que el niño entienda como debe hacer algo, o que como ha hecho algo una vez debe saber cómo hacerlo siempre.

Y, por último, a menudo, el comportamiento que el padre desea que haga su hijo no ocurre o se da con una frecuencia baja. La práctica repetida del comportamiento sigue siendo el objetivo principal, pero, ¿cómo podemos practicar una conducta que nunca ocurre? Se utilizan simulaciones en las cuales en condiciones muy tranquilas el niño practica el comportamiento que el padre desea desarrollar.

Por todo ello, los tres ejemplos reflejan comportamientos que se intentan disminuir o desarrollar en los padres. Las intervenciones para cambiar el comportamiento del niño son prácticas específicas que los padres llevan a cabo en el hogar. Es decir, el tratamiento que utiliza el autor se centra en el desarrollo de muchas habilidades específicas en los padres durante las sesiones de tratamiento.

Para finalizar la entrevista, Alan E. Kazdin nos cuenta que los problemas de conducta infantil han cambiado con el paso de los años. Y refiere que el perfil habitual era un niño de 8 o 9 años, pero uno de los cambios que ha observado es que cada vez acuden a consulta niños a edades más tempranas. Con el paso de los años les llegan niños más pequeños, a menudo por comportamientos desafiantes y oposicionistas graves. Quizá el mayor cambio y desafío a lo largo de los años está relacionado con el acceso que tienen los niños a muchas fuentes de influencia que promueven conductas agresivas y antisociales. Los videojuegos violentos, la violencia en la televisión y el acceso a Internet pueden fomentar esos comportamientos que están tratando de cambiar.

Resumiendo, los tratamientos basados en la evidencia por sí mismos no serán suficiente para tener efecto. También se necesitan cambios sociales y políticos que limiten las influencias que contribuyen al problema. “Estamos trabajando en algunas de estas otras influencias fuera del contexto del tratamiento” refiere el autor.

 

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