REALIDAD SOBRE EL TDAH, REFLEXIONES PARA EL PROFESORADO.

En la última revista del Colegio Oficial de psicólogos  INFOCOP, leí un artículo sobre el TDAH que creo interesante para concienciar tanto a la comunidad educativa como a padres. A continuación resalto las ideas más importantes:

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno controvertido que, debido a que sus principales características son la inquietud y la dificultad para concentrarse en tareas complejas durante largos períodos de tiempo, a menudo se “detecta” en los centros educativos.

La comunidad científica ha alertado sobre el riesgo del sobrediagnóstico y de la sobremedicación que lleva asociados esta entidad diagnóstica, que ha recibido numerosas críticas acerca de su validez.

El problema conductual que presenta el niño en el aula se redefine como un problema médico individual, que impide la puesta en marcha de intervenciones eficaces en la escuela para generar un ambiente de aprendizaje atractivo y propicio para mejorar su conducta.

Algunas de las creencias erróneas acerca de este trastorno son:

  • El TDAH es a menudo confundido con la inmadurez propia del desarrollo normal.
  • Ser diagnosticado de TDAH no explica la causa del problema ni implica la existencia de una enfermedad biológica subyacente: Se entiende el TDAH como la causa del comportamiento, cuando, en realidad, este trastorno es la definición de los propios problemas.

No existen marcadores biológicos cuantificables, ni pruebas objetivas para establecer la presencia o ausencia de TDAH. Por tanto, la categorización de un conjunto de comportamientos no implica la existencia de una enfermedad subyacente que sea la causa de dichos comportamientos, ni la categoría diagnóstica es una explicación en sí misma de los problemas observados.

Se anima a profesores y el resto de profesionales a que tengan presente al trabajar con estos niños una larga lista de factores ambientales que están asociados con los comportamientos que se definen como TDAH, tales como el divorcio de los padres, falta de recursos económicos, determinados estilos de crianza, bajo nivel educativo de la madre, familia monoparental, abuso sexual en la infancia, tener problemas de sueño, determinados aditivos alimentarios artificiales, el uso de teléfonos móviles y vivir en zonas con poca exposición a la luz solar, entre otros.

  • El cerebro del niño con TDAH no es diferente del cerebro normal: La mayor parte de los niños diagnosticados con TDAH tienen cerebros “normales”, similares a los niños que no son diagnosticados de TDAH.
  • Los estimulantes no han demostrado su eficacia a largo plazo: No se encuentran diferencias significativas entre los niños medicados y no medicados, incluso, peores resultados y efectos adversos después de varios años tras el consumo de la medicación en niños con TDAH.
  • El diagnóstico de TDAH conlleva serias desventajas para el desarrollo potencial del niño, como el efecto Pigmalion: Ser clasificado como TDAH muestra desventajas como las bajas expectativas del profesor y los padres, las cuales se convierten a su vez en profecías autocumplidas (efecto Pigmalion) y el prejuicio y estigmatización que conlleva tener un trastorno de salud mental. Además, los niños se aplican estos estereotipos a sí mismos, dando lugar a una baja autoestima y a la propia autoestigmatización juntos a una disminución en su autoeficacia.
  • Determinados cambios ambientales son eficaces en un 20% de los casos: se hace un llamamiento para que se promuevan tratamientos eficaces desde el aula para trabajar con los niños que muestran inquietud e incapacidad para concentrarse. Los diagnosticados con TDAH mejoran considerablemente al realizar pequeñas modificaciones en el centro educativo, como aumentar el tiempo de actividad física, establecer una metodología de enseñanza basada en el aprendizaje lúdico y reducir el número de niños por aula. Se estima que el diagnóstico de TDAH no sería necesario en un 20% de los alumnos de secundaria que actualmente reciben esta etiquetación.

Artículo escrito por Aída de Vicente y Cristina Castilla en la revista Infocop, nº 78 (Julio-Septiembre 2017).

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