Cuidar a cuidadores

Mi trabajo podría definirse de varias maneras pero hay una definición que vivo intensamente y que marca mi actuar día a día en el trato con las personas mayores y su entorno, y es el de cuidar de los cuidadores. Cada vez que recibo a los mayores en el centro, lo primero que me surge casi como un acto automático es mirar la expresión de sus cuidadores, porque sus rostros son los informantes más fieles de la realidad que acontece a cada mayor. Son innumerables los relatos de cuidadores que llegan a mi conciencia, algunos agradables, otros menos agradables, dramáticos, sencillos, tristes y otras veces esperanzadores. Todos ellos fueron orientando mi actuar y mi modo de entender a las personas mayores. No sé en palabras como expresar lo importante que considero dedicar gran parte de mi trabajo en atender al cuidador. Son acciones como escuchar, acompañar, comprender, aliviar… Lo cierto es que mi intervención es poca en relación a la gran labor de cambio que ellos producen en el proceso terapéutico de una persona mayor con problemas de memoria. Me cuesta afirmar lo siguiente sin una cuota de dolor pero en muchos casos siento que el cuidador, su persona, va ocupando el vacío de identidad que la pérdida de memoria genera en la persona que cuida. Sin duda esto sucede con un coste alto para el cuidador que asume este lugar comprometiéndose a devolver cada vez parte de la identidad que se pierde cada instante. Admiro este compromiso!! He aprendido a ver a la persona mayor y a su cuidador/a como una pareja indisoluble donde cada uno se entiende teniendo en cuenta al otro, donde...

Las emociones siempre quedan

Espantosa tarde a la espera de los resultados de unas pruebas médicas. Aunque tengamos dudas de la posibilidad de una enfermedad, nunca queremos creernos ese diagnóstico, te niegas a él. Un escalofrío invade mi cuerpo desde la nuca hasta las puntas de mis pies, siento resbalar en mi espalda un sudor frío. Me invade el pánico, el horror, la impotencia, la desesperación. Miro la cara pálida y aterrada de mi padre y me invaden miles de pensamientos y emociones, todos ellos terribles acompañados de un profundo amor y sentimiento de protección infinita. Se detiene el tiempo, no soy capaz de reaccionar, no sé qué puedo hacer. En mi cabeza ese martilleo constante con esa pregunta cruel sin respuesta…por qué…por qué…por qué a nosotros… Una enfermedad daña el órgano del enfermo, pero golpea duramente el alma y el corazón de sus familiares. Todos a lo largo de nuestra vida tenemos diferentes roles. Yo ante todo soy hija, y psicóloga de Cognitiva Unidad de Memoria, un centro de estimulación cognitiva para personas con deterioro cognitivo, demencias, daños cerebrales… Cuando algunos familiares acuden al centro y nos cuentan sus problemas piensan..” vosotros que sabréis .. estáis viendo el problema desde fuera, no sabéis lo que supone vivir con una persona enferma durante 24 horas…” Sé lo que es ser cuidadora principal de una persona enferma, sé lo que es vivir todos los días con el miedo a que sea el último, sé lo que es tener esa maldita impotencia, a no querer dormir por miedo a que ocurra algo durante mi descanso, sé lo que es tener miedo a una nueva mala...

Estoy lejos, pero estoy cerca

Estoy con ella las 24 hs del día, en los últimos meses observo que está descuidando su aseo personal, la limpieza de la boca, no se quita el maquillaje, no se baña sino se le insiste. Intento que ella mantenga sus actividades y no invadir su intimidad, no agobiarla, la observo desde lejos… estoy lejos pero estoy cerca. Creo que está demasiadas horas en la cama, de 10 a 12 horas… observo que por ella no haría nada, de la cama al sofá y viceversa. Le cuesta mucho cambiarse de ropa quiere ponerse siempre lo mismo. Durante mi tiempo libre, los domingos o ratos de ocio, observo que revuelve casi todo, como si no supiera donde están las cosas. Sobre todo en la cocina. He aprendido a repetir las cosas sin esperar de su parte que las recuerde. He aprendido a darle independencia, estando en la retaguardia. Al comienzo de mi corta experiencia, no daba crédito de que no se enterase de nada… esto es la enfermedad del olvido!! Ahora no insisto porque me he dado cuenta que me estresaba y alteraba y eso es negativo para mí y para ella. Los pequeños logros para mí son un gran triunfo, el último de ellos fue convencerla que se de un buen baño....